
¿Realmente modificar nuestra alimentación puede salvar al planeta? Reflexiones sobre el consumo individual y el cambio estructural.
Sin lugar a duda, uno de los grandes problemas contemporáneos es el cuidado del medio ambiente. El desmesurado consumo de los recursos naturales del planeta está poniendo en riesgo nuestra vida. Por tal motivo, surgen cada vez más campañas que buscan generar conciencia sobre la gravedad de nuestro estado, pero un modo de vida en armonía con la naturaleza nos aterra.
Ahora bien, el hecho de que no queramos una vida alejada de las comodidades del presente siglo, no significa que no podamos mejorar nuestra condición. Probablemente, una de las campañas más polémicas y populares es la relativa al consumo de carne. Algunos dicen que el cuerpo necesita consumir carne; otros dicen que se puede vivir sin ella. Sin embargo, más allá de la posible importancia de la carne en la dieta humana, es claro que la industria de la carne es dañina para el planeta.
Ante este desolador panorama aparecen los vegetarianos o veganos como salvadores del planeta. No comer carne parece ser un acto revolucionario, un acto político. Pero ¿realmente modificar nuestra alimentación puede salvar al planeta? ¿Qué tan importante es dejar la carne? Sin duda es importante transformar nuestra dieta, pero también hay problemas inherentes a ello.
En primer lugar, nos debemos preguntar ¿cuántas personas deben eliminar o reducir de su dieta la carne para lograr un cambio significativo? Algunos responderán “todo suma”. No obstante, la primera dificultad sería que estamos actuando contra el reloj. Cada año se suman más personas a estas iniciativas, pero a pesar de ello seguimos condenados a la destrucción del ecosistema.
En segundo lugar, debemos entender que dejar de comer carne significa oponerse a la industria que la produce. Realmente es importante considerar esto porque muchas personas dejan de comer carne para ayudar al planeta, sin embargo siguen ayudando a dicha industria (ej. consumiendo productos vegetales de las mismas cadenas).
Dicho esto, la verdadera revolución ecológica debe ser una revolución contra el Estado. Necesitamos que nos obliguen a ser libres; necesitamos que nos obliguen a salvar al planeta; necesitamos que nos obliguen a salvarnos a nosotros mismos. Debemos buscar una transformación en las estructuras político-sociales, y mediante dicha transformación limitar a los grandes males que nos acechan.
Escrito por Maximiliano Yáñez Gutiérrez
Analista y colaborador en Centro de Reflexiones Críticas.